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| Prisma (A.P.) |
De pequeño llamaba su atención la vida militar, le gustaba jugar a los soldados con los amigos, siempre había una montaña de tierra que conquistar o el estilóbato de la iglesia o la techumbre de alguna casa a medio derruir. Lo que más le gustaba era la aviación y la artillería.
A veces utilizaba figuritas de plástico o cualquier otro objeto que pudiera servirle de avión o de tanque desde los que lanzar bombas o paracaidistas, avanzar y proteger a los soldaditos bien formados o a medio esconder haciendo guerrillas.
La decisión de alistarse no fue por un sentido patriótico, nunca pensó en participar en algún conflicto bélico real aunque, eso sí, muchas veces soñaba en silencio con tener que intervenir para luchar contra la amenaza de invasión del país vecino donde él saldría siendo un héroe.
Una fotografía en el mueble del comedor recuerda el día que sintió, de verdad, el patriotismo; aparece vestido de uniforme, sentado sobre el cañón de 120 milímetros que sobresale de la torreta de un carro de combate Leopard II, portando la bandera de la Patria.
-Por primera vez sintió la Patria y esta le llegó hasta el alma- decía orgulloso.
Hacía tiempo que se estaba anunciando y el horror llegó, el pais vecino ha decidido recuperar viejos límites fronterizos del otro lado del río.
-¡El rio no se comparte! ¡el rio es nuestro!- arengó a la tropa el Jefe de Artillería.
De camino hacia al sur el escuadrón tuvo que pasar junto a su pueblo y así, con un abrazo, tuvo un minuto para poder prometer a su madre que él regresará junto a ella y podrán volver a estar juntos. Mamá no tiene nada de que preocuparse, la tripulación que le acompañará en su acorazado es la mejor y él es el artillero con mejor puntería de todo la unidad.
Más de 6 meses fuera de casa, la hostilidad no cesa.
El pais vecino aprieta, ha rearmado en varias ocasiones sus bastiones y con brutalidad ha contraatacado y conseguido que sus bombas sobrepasen las líneas de defensa llegando así a las poblaciones del interior y destruyendo casi todas las comunicaciones.
El día D ha llegado debe ser la última contra ofensiva, la aviación ha dejado vía libre y en poco más de dos horas, con 1500 caballos de potencia y con algunos disparos de mortero y ametralladoras han recorrido los casi 100 kilómetros necesarios para alcanzar la cumbre de una colina próxima a la capital donde se encuentra el último baluarte enemigo.
El cansancio y los desánimos de él y de sus compañeros de tripulación se han convertido en virulencia, furia y odio.
Una vez alcanzado el cerro el Jefe de Artilleros le ha dado la orden al escuadrón de disparar a discreción.
-¡Ahora o nunca!- grita el comandante dentro del armazón metálico.
-¡Hasta agotar la munición, no hay que dejar vivo a ninguno, que aprendan la lección, no quiero volver a casa con ningún proyectil!
Con los objetivos a cuatro kilómetros y con tanto humo resultan muy útiles la mira principal y la cámara termográfica, él ha disparado los primeros proyectiles con precisión aunque un instante despues dispara indiscriminadamente hasta agotar los 42 disparos de munición.
Desde el blindado se ven pocos edificios erguidos. Dentro del habitáculo de metal poco importan la destrucción y las víctimas, no se escuchan las explosiones ni los llantos. Cada bomba lanzada es un objetivo cumplido y un grito de exaltación y de júbilo.
Banderas blancas.
-¡Por fin la victoria!-
La batalla ha tenido éxito y ha llegado la rendición del enemigo, es momento de volver a casa.
Los contraataques por tierras y aire han sido terribles por ambos bandos.
Desde hace dos meses no ha tenido ninguna comunicación acerca de los suyos porque su ciudad quedó aislada, ahora se están restaurando puentes de acceso y torres de comunicación.
Hoy, antes de poder regresar a su casa ha sido felicitado y condecorado por su buena labor en el combate y destruir al enemigo sin piedad.
Hoy podrá ver a los suyos, es un héroe, luce en su pecho la noble insignia.
Cuando llega ve a su ciudad devastada, ha sido una masacre, solo algunas casas han conseguido mantenerse en pie, las pocas personas que caminan por la calle lo hacen ensimismadas, abatidas, sucias, cansadas. No se entretiene a hablar con nadie, no pregunta ni se para hasta conseguir llegar a su casa destruida.
Asustado, desesperado y gritando, busca sin saber, sin querer saber, todo está lleno de escombros; se fija en los restos de una mesa y puede ver que debajo hay una mano polvorienta, es la mano de su madre, rígida, sujetando la fotografía donde él está vestido de uniforme, sentado sobre el cañón del Leopard II y portando la bandera de la Patria.
Llora mientras abraza esos dedos que tantas veces le acariciaron y grita con rabia: -¿Por qué? Te lo prometí mamá y he regresado ¿Por qué? ¿A qué Dios rezaste? Yo te lo prometí y he regresado mamá ¿Por qué a ti?

Muy bueno.Que esperaba.
ResponderEliminarEl cumpliò su promesa, aunque su madre, por lo menos, se fue orgullosa de que había parido a un defensor de la patria.....
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